El Katha Upanishad (La leccion de la Muerte)

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Un día  Vayasravasa, padre del joven Nachiketas, deseando agradar a Dios, sacrifico en su obsequio todos los animales que constituían su hacienda. Y al ver Nachiketas que se llevaban las ofrendas, reflexiono y se dijo a si mismo:
-No creo que a Dios le guste que maten animales en su honor, ni que se le haga regalo de vacas que comen hierba y toman agua y dan leche, agotando su fuerza. El que espera, con estos regalos que Dios lo premie con el cielo, se equivoca, y no alcanzara nunca el cielo porque son estos dones de muy poco valor.

Entonces se volvió hacia su padre y le dijo:

-¿A quien piensas dedicarme a mi?

-¡Hijo mio- contesto su padre-yo te doy a la Muerte!

-Oh padre y señor mio, dijo Nachiketas, yo no temo a la Muerte, pero creo que yo no valgo nada para ella, porque no soy sino uno de tantos hombres. Antes de mi, se han muerto miles de hombres. Cuando yo haya muerto seguirán muriendo. Así pues ¿Que valgo para la Muerte?

Partió el joven y llego a la casa de la Muerte, pero como estaba ausente tuvo que esperarla tres días. Cuando regreso, sus criados le avisaron que un visitante distinguido la aguardaba. Apenada por su tardanza y agradecida por la visita, la muerte dijo a Nachiketas:


-¡Oh buen joven! Por estas tres noches que has pasado sin comer en mi casa, te concedo tres dones. Pídeme lo que quieras, que yo te lo prometo desde luego.

- Quiero- dijo el joven-que cuando yo regrese a mi casa, mi padre no este enojado ni inquieto por mi. Que no me riña por haber tardado ni se entristezca por mi ausencia, y que me acoja amorosamente.

-Concedido-dijo la Muerte-tu padre dormirá en paz sus noches al verte libre de mis pasos.

- En el cielo, oh Muerte, nadie teme que llegues tu. Allí el hombre no teme a la vejez, ni al hambre, ni a la sed, y disipado todo sufrimiento, es eternamente dichoso. Tu sabia Muerte, conoces bien el fuego que conduce al cielo. Enséñamelo, pues la fe me embarga, ese es el segundo Don.

-Ese fuego Nachiketas, se halla escondido en el corazón, que es el lugar secreto. Si conservas y avivas ese fuego, el te conducirá hasta el cielo. Y ahora pide tu ultimo don.

-En el mundo Oh Muerte, existe una duda terrible acerca de lo que le sucede al hombre después de que muere. Los unos creen que todo acaba y los otros lo contrario. Revelame la verdad; he aqui mi ultimo don.

-Oh Nachiketas, dijo la Muerte, los dioses mismos han dudado sobre este punto. No me obligues a revelarte el secreto. Pídeme otra, otras cosas. Pídeme hijos centenarios e hijos de tus hijos, ganados abundantes, caballos, elefantes y oro, pídeme vastos territorios y vive tantos otoños tu quieras. Pídeme la riqueza y el medio de vivir tanto tiempo sobre la tierra inmensa, se como rey, yo colmare todos tus deseos. Pide cosas difíciles de realizar, tantas como quieras, estas ninfas con sus carros y sus arpas que jamas ningún mortal ha visto serán tus esclavas, yo te las concedo. Pero no interrogues acerca de la Muerte.

-¡Cosas de un día! ¡Goces efímeros! No hacen sino agotar nuestro vigor. Guarda tus esclavas, tus carros y tus danzas. ¿A que hombre le satisface la riqueza? ¿De que sirve cuando tu llegas? ¿Como viviremos mientras existas tu? El don que escojo es el que reclamo. Nachiketas no pide otro don que aquel que llega hasta el secreto de todas las cosas.

-Atiende pues, Oh Nachiketas. Una cosa es lo justo y otra cosa lo agradable. Los dos caminos existen para el hombre y el insensato escoge el camino agradable. Pero tu, Oh Nachiketas, has escogido sabiamente el camino de lo justo. Aquellos que escogen lo agradable, ciegos, conducidos por ciegos,el ruido de sus fiestas les impide escuchar su alma, que es parte del alma de Dios.

El sabio que logra escuchar la voz de su corazón, gracias a la calma de sus sentidos y de su espíritu, aparta su alma de sus órganos, se eleva por encima de la alegría y del dolor, cosas transitorias, y alcanza la divinidad.
En cambio el insensato nace y muere como el trigo, y vuelve a nacer en la tierra, porque no es digno de entrar en el reino de Dios. Y cae una y mil veces en mis manos.

El alma es dueña del carro. El cuerpo es el carro. La razón es el cochero y el espíritu es la rienda. Los sentidos son los caballos, los objetos de los sentidos son las rutas que recorre el carro. Alma, sentidos e inteligencia, constituyen al hombre dotado de sensación. El insensato deja desbocar los caballos, pero el sabio los guía con mano segura y los conduce por el camino del cielo y de la inmortalidad. Al fin de las transmigraciones en el seno de Dios. No necesita de su cuerpo el que quiera ser semejante a Dios, porque el no tiene forma, ni color, ni olor, ni tacto, ni sonido, ni gusto, es inagotable, eterno, sin fin ni principio, mas grande que lo grande, inmutable. Aquel que lo conoce escapa a la boca de la Muerte. Solo nuestra alma, que viaja a lo lejos sin moverse, que recorre al espacio sin bogar, es capaz de alcanzar la divinidad inmortal.

Así Nachiketas, habiendo aprendido de la Muerte el secreto de la sabiduría, y las reglas de la perfección, puro de toda mancha, libre de toda pasión, se libro de la Muerte, poseedor de la Inmortalidad, lo mismo pasara con todos aquellos que conozcan su alma.

miércoles, 15 de diciembre de 2010 en 14:13

2 Comments to "El Katha Upanishad (La leccion de la Muerte)"

Magnifica metáfora,sobre el proceso de "realización",a los que van por el sendero"secreto"

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