Vengo a Ser el Sol

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Hoy mi pecho encuentra el espejo y la luz en la misma frecuencia que gravitan mis sueños. Sólo en la inmensidad de la muchedumbre, mi soledad de acorde monofónico encuentra algunas notas de lo que pudiera ser una armonía, como una sola nota en fuga que regresa de su exilió del acorde, en la misma frecuencia que gravita el espejo, ampliando la tesitura de mi lenguaje natal que pretende devorarme y no me dejo. Con el presentimiento de una sonrisa para mi, que me había bastado, que me había devastado.

Cual palabras, significantes por significados desterrados del lenguaje en el afán de un grito de realidad-cerebro en el estrecho limite de su propio abecedario, desesperado por entender la multi-dimensionalidad del ser, contaminado por las mismas palabras que no son suficientes para expresar sus vértices complejos, la extraordinaria simetría de un universo que repite nunca igual en una y otra vez hasta perderse en la imposibilidad del significante.

Regreso poco a poco de la confusión de los sonidos y las voces que han de reclamar las heridas de narciso, después de ver mis manos fingiendo una caricia efímera al paisaje, me veo casi muerto de sed, y llene de aire la garganta y de mar mis pulmones, hundiendo un complejo de culpa cabalgando el recuerdo de una doble noche . . . llego hasta tí, amor, con mi lenguaje torpe y balbuceante.

Obsoleto y confundido como mi propio guion de: yo, después yo y al ultimo yo, llego casi sin luz, ni amor, sin garganta de flor, como una araña enamorada de la abeja; llego para libar su miel que te engendró en el tiempo, casi muerto de sed, casi el océano de la sal, casi del día, casi la confusión del día. 







El agua no lleva al rio a cuestas, ella se recuesta se deslíe sobre el cause para formar su ria y en un momento “Mi mente se aclara”, y ahora sí, sé que decir: en esa grandeza y en mi amor encuentro el linaje un dios de tierra. Y acá abajo a muchos Km./h. soy un hombre diferente a ese que antes fui, que fui antes de que se ocultara el sol. Diluído, desvanecido de mí, tímidamente agrisado, deshilado, desmadejado de ti, corrompido por el ruido y olvidadizo de la madre tierra, como recién parido por la tarde vengo a ser el sol .

Y sin embargo escribo y escribo de mi amor y de mis sueños; de repente busco algo que me pueda ayudar a corroborar la luz, oníricamente, efímeramente, lucidamente con las ojeras artificialmente matizadas en la verde sombra de la distancia y sin siquiera un poco de semi -olvido; de pronto mis ansias se ven colmadas cuando mis ludismos descubren tus nacaradas y hermosas protuberancias expuestas por el asa de un morral. Es entonces que me requiebras, que flirteas con mis sensualidades con mis anhelos con mis fervientes y disimulados deseos, es entonces que mi sueño me deja en el desborde para decir “te quiero”, te deseo, te pienso, por eso me aferro, esquiva e inquisitiva, a este sonámbulo ejercicio al filo de la madrugada.





...Y en este inesperado sueño, siento por primera vez el calor de tu espalda contra mi pecho, mientras en mis manos palpitan los hemisferios presentidos como si en la sublime evocación de las zuritas, un suave rumor en mis arterias iniciara el peregrinar hasta la más recóndita región en que atesoro vida, recuerdo y vida.

Entonces despierto sin saber un posible final... ... quizá “el hubiera” exista en los sueños, y entonces sí hubiera culminado el sueño y un onírico idilio se hubiera consumado hubiera conocido el final de tu piel.

A veces te amo tímidamente como una furtiva lágrima de impotencia que se deja llevar por la inercia y gravedad que impelen su propela, su cristalino volumen ardiendo de rubores en el silencio cómplice de mis inhibiciones, eres mi amor la cara de la luna y los ojos de ese sueño en el mármol de mis bajos instintos.

Se que estás ahí, sobre el horizonte de mis inhibiciones; inamovible y mirando, tal vez mirando a esa mujer que ha habitado mi pecho y compartido conmigo la miel que ha descubierto en el cosmos, como todo lo que existe en la galaxia, el amor empobrece, envejece y poco a poco muere; como nosotros, se transforma en otra materia, en otra esencia inaudita para nuestra limitada dimensión de hombres.

Por eso quien ama no olvida fácilmente, y sigues ahí, a pesar, muy a pesar de que mis estaciones … Se que estás ahí, amor de mi para ti, para no olvidarla nunca, nunca; contradicción del olvidar lo que “no se olvida nunca”.

Estás aquí, ánfora para mis sueños más o menos turbadores; piedra filosofal para mis empeños de transmutar el oro y la obsidiana; muy elevada gracia para dejar mis recuerdos de infancia y pubertad; ánima sola en el altar eterno de un “Infiernillo póstumo”; medallón ecuatoriano encadenado a mi cuaderno sin haber respirado en Ma-Chu-Pichu; fugaces luces en que luces con todo tu esplendor de mujer ondina, mujer gacela, mujer adjetivo en el cambiante mundo de mis oníricos sueños, a veces perla, a veces piedra de toque para no olvidar el sabor de tu saliva, en veces eres la erupción del Vesubio; en veces la inocencia galopante; pero siempre arropada de mi amor, sólo eres lo inmaterial que me ayuda a vivir por sobre todas las calamidades de mi mundo inestable, y aún así te amo, así te requiero madona de Goya, recostada en el diván de mi holograma, o mujer guerrera con antorcha en mano llevando al pueblo a mejores condiciones para existir en la geografía heredada para todos, mujer que desprecio el mar Rojo y construyo flotando un Río de Mariposas, que sigues siendo de mi amor, lo que alimenta de segundo a segundo las coloraciones de mí, sigues poniendo esferas en el fondo marino de mi acontecer humano, sigues siendo en mi mano el amor eterno y mi razón, sigues siendo amor de un ángel caído que derrumba mis templos con espadas y besos, que en mis sueños me conduce a las cumbres las nevadas cumbres… sin congelar el horizonte donde gravitas -bella- allá, donde las águilas se atreven, más allá de la muerte, más allá de la estrella, más allá de la sierra, los montes y los valles la vida terrestre, más allá del océano de mi origen y fin. De hecho de mi espalda nacieron los ríos que formaron el mar; de mi boca el espíritu que resguarda el consciente dorado y el subconsciente anhelante, Mi antigua desolación se tornó en ensoñación. Mi musa que cobra vida desde horóscopos sagrados en donde nada escapó a su naturaleza de amada. O mas correctamente dicho en esta tierra de volcanes y lagunas encantadas: Mujer que has sabido entender que la magia del mundo ha hechizado mi ser.


Non Serviam 

miércoles, 22 de diciembre de 2010 en 21:32

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